La iluminación en teatro consiste en crear a partir de la luz. “La luz posee una elasticidad casi milagrosa. Contiene todos los grados de claridad, todas las posibilidades de color -como la paleta del pintor-, todas las movilidades; puede crear sombras, difundir en el espacio la armonía de sus vibraciones exactamente igual como lo haría la música. Con ella poseemos toda la capacidad expresiva del espacio si este espacio es puesto al servicio del actor” (APPIA, 1954).

La luz interviene en el espectáculo; no es simplemente decorativa, sino que participa en la producción de sentido del espectáculo.

Sus funciones dramatúrgicas o semiológicas son infinitas: iluminar o comentar una acción, aislar a un actor o un elemento del escenario, crear una atmósfera, dar ritmo a la representación, facilitar la lectura de la puesta en escena, especialmente en lo que concierne a la evolución de los argumentos y de los sentimientos, etc.

“Situada en la articulación del espacio y del tiempo, la luz es uno de los principales enunciadores de la escenificación” (Pavis, 2015)

¿Por qué lo hacemos?

La Cultura, se encuentra en cambio permanente, pero en estos momentos pareciera que todo se acelera. Las modificaciones en las costumbres a partir de lo sanitario. La aparición de nuevas tecnologías que irrumpen en un arte que tiene más de 2000 años documentados, generan muchas preguntas, aliados y detractores. Los colectivos culturales exigen derechos postergados u olvidados, crean discusiones nuevas dignas de ser puestas en el centro. También están las nuevas generaciones que empiezan a dar sus primeros pasos, para luego tomar su lugar. Los sistemas educativos se transformaron, poco tienen que ver la forma en la que enseñaba teatro hace 5 años a cómo nos enfrentamos hoy a la transferencia de conocimientos profesor alumno. Todo esto, y más también, nos encontramos discutiendo en esta plataforma. ¡Bienvenidxs!

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